Dicen que lo que uno teme a lo largo de su vida es aquello con lo que sintió verdadero terror en su infancia. Aunque no lo recordemos, y ese recuerdo no sea tangible al menos de la forma en que lo entendemos, la presencia de ese temor es lo que nos condiciona a dejar prendida una luz del pasillo encendida por la noche, o a apartar la mirada ante un accidente de tráfico, por ejemplo.
Subordinados ante el poder del miedo, actuamos en relación a las consecuencias que tanto tememos sufrir en carne propia, y así sucumbimos de manera incoherente y atormentada a la realidad de un sentimiento aterrador.
1 comentario:
Hey! Lindo blog... Soy Laura, la hermana de Fede.
Ni idea como llegué acá, pero me gusto :) jaja
Pasate por el mio si querés...
http://amalucadavida.blogspot.com/
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