El transcurrir de los días, ese camino hacia lo desconocido que en muchas ocasiones perturba los pensamientos más inocentes en las noches de eterna soledad. La rutina de pensar siempre en las consecuencias futuras acerca de los hechos y situaciones que todavía restan por vivir. Las reacciones, imaginaciones y sucesos volátiles en nuestra mente creadora de sueños sin realidad. Todo ello vástago de los rasgos característicos del ser humano: lógica, premeditación y ensoñación.
Pero ya estoy cansada de crear pensamientos en cosas que tal vez nunca ocurrirán o no lo harán del modo que espero. Simplemente me rodearé de un aire de indiferencia ante lo desconocido y me dedicaré por completo al presente, abarcando solamente lo que deseo hacer, ignorando sobre lo que sucederá. La palabra indiferencia suele asociarse a un estado negativo y ser mal vista, pero a esta altura del partido, todo me da igual.